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Aliados Contigo

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En ‘Hoy conocemos a…’ conversamos con Carmen García-Siso Franco, directora de la Residencia Ntra. Sra. del Pilar de las Hermanas Mercedarias de la Caridad de Madrid, una profesional cuya trayectoria combina vocación, conocimiento técnico y una visión profundamente humana del acompañamiento a las personas mayores.

Formada en Terapia Ocupacional y con experiencia en discapacidad, ortopedia infantil y servicios de día, Carmen representa a una generación de líderes sociales que conciben la atención residencial no como un recurso final, sino como un espacio de vida, autonomía y dignidad. Desde 2019 está al frente de un centro donde el calor, la cercanía y el respeto conviven con el rigor asistencial, la personalización de los cuidados y la apuesta decidida por modelos innovadores como la Atención Centrada en la Persona.

A lo largo de esta conversación, descubrimos su mirada, sus vivencias más significativas, el papel determinante del equipo profesional y su visión del futuro del sector.

Carmen García-Siso, en su despacho de la residencia.

Para quien aún no te conoce, ¿cómo resumirías tu trayectoria profesional hasta llegar a la Dirección de la Residencia Ntra. Sra. del Pilar de las Hermanas Mercedarias de la Caridad con Aliados por la Integración?

Estudié Terapia Ocupacional y comencé mi carrera profesional en el campo de la Ortopedia Infantil, después trabajé como Coordinadora de un Centro de Día para personas adultas con discapacidad intelectual y me faltaba el campo de las personas mayores para cerrar el círculo.

¿Qué fue lo que te llevó a trabajar en el ámbito sociosanitario y, en concreto, en la atención a personas mayores?

Siempre he tenido vocación por intentar mejorar la calidad de vida de las personas. En el caso de las personas mayores, trabajando en el ámbito sociosanitario puedes mejorar casi todas las áreas de una persona en esa fase de la vida: su salud física y emocional, sus aficiones o hobbies, el área social, familiar, espiritual.

¿Qué valores dirías que más se reflejan en el día a día del centro?

El ideario viene definido por la titularidad del centro. Los valores que representan a las Hermanas Mercedarias y que están presentes en el trabajo diario del centro son: caridad y respeto, dignidad humana, comprensión, disponibilidad y servicio y vivir con alegría y sencillez.

¿Cómo definirías el ambiente que se vive en la residencia? ¿Qué crees que hace que los residentes se sientan “como en casa”?

El ambiente que se vive en la Residencia es un ambiente de cercanía y de confianza. La Residencia tiene un tamaño pequeño, en torno a las 50 plazas, lo que permite hacer un seguimiento diario de todos los residentes y contacto continuo con sus familiares. Por otro lado, los residentes tienen total libertad para personalizar sus habitaciones y recrear las que tenían en sus casas. Las celebraciones y la participación de las familias también facilita ese sentimiento de hogar.

¿Qué papel juega el equipo humano en el buen funcionamiento del centro?

El papel de los profesionales es fundamental, uno de los pilares del buen funcionamiento del centro. Todos los puestos son importantes. Las auxiliares y gerocultoras son las responsables de ofrecer los cuidados básicos y son las primeras que perciben si una persona no se encuentra bien o ha habido algún cambio en sus rutinas, comportamiento… para poder actuar con prontitud. El equipo técnico (médico, enfermera, terapeuta ocupacional y fisioterapeuta) es el que marca los objetivos de trabajo con cada residente, cada uno desde su campo de intervención. Los servicios de cocina, limpieza y lavandería son piezas clave para sostener el ritmo de vida de la residencia. Y queda la Dirección, que intenta coordinar los diferentes servicios para que funcionen atendiendo a unos criterios de calidad. La rotación del personal es muy pequeña, hay muchas trabajadoras que llevan aquí 15 y 20 años.

En una sociedad que a veces asocia las residencias con la pérdida de autonomía, ¿cómo trabajáis para que ocurra justo lo contrario?

En el momento del ingreso realizamos una valoración completa por parte de todo el equipo de la residencia para tener una visión global de la capacidad funcional de la persona. Se determina la frecuencia y el grado de apoyo que se le va a prestar, siempre en consenso con el propio residente y/o con su familia. Se reevalúa con frecuencia para ir ajustando estos apoyos. En muchos casos, ofreciendo un ambiente seguro (eliminación de barreras, productos de apoyo…), estableciendo rutinas, facilitando el tiempo necesario y sabiendo que tienen la supervisión de una auxiliar, con el tiempo van ganando autonomía en las actividades de la vida diaria.

¿Qué momento o historia vivida en la residencia guardas con especial cariño?

Recuerdo el momento del ingreso de un señor que al preguntarle por el trabajo que había tenido, su familia me contó que había sido bombero, en concreto conductor del camión de bomberos. Yo le conté que de niña vivía cerca de un parque de bomberos y que cuando oía la sirena y veía el camión salir del parque con todos los bomberos preparados para ir a ayudar a alguien en apuros, siempre les veía como héroes, porque a mí me parecía muy difícil hacer lo que ellos hacían. Resulta que el parque donde él trabajó era el que estaba al lado de mi casa y seguramente más de una vez, el bombero al que vi conduciendo el camión fue a él. Al señor le cambió completamente la cara y mostró una expresión de inmensa felicidad cuando le dije que él había sido mi héroe de la infancia.
Te puedes imaginar… acabamos todos llorando ese día.

¿Qué te aporta personalmente el contacto diario con los residentes y sus familias?

Me aporta un aprendizaje continuo y que no podría tener de otra manera. La mayoría de los residentes ha vivido la época de la Guerra Civil y todos han vivido la posguerra. Desde sus testimonios hasta su forma de vivir, sus costumbres… son un ejemplo de superación. En alguna ocasión que me reúno con ellos les digo que nos han dejado muy alto el listón a las generaciones que venimos detrás.

¿Cómo consigues mantener la motivación en un trabajo tan exigente emocionalmente?

Es cierto que es un trabajo muy exigente a nivel emocional, y hay que cuidarse para mantener la motivación, pero también es cierto que te aporta mucho saber que tu trabajo puede contribuir a mejorar la calidad vida de las personas para las que trabajas. También es importante el hecho de trabajar en equipo y poder apoyarte en otros profesionales sabiendo que todos trabajamos por unos objetivos comunes.

¿Cómo imaginas la atención a las personas mayores dentro de 10 o 20 años?

Me gustaría que fuera una atención absolutamente personalizada, en la que la persona participara activamente en la toma de decisiones sobre cómo quiere que sea la atención que recibe. Me gustaría que se desestigmatizara la visión que se tiene de la atención y los cuidados que se prestan en las residencias y se pusiera en valor el trabajo que hacemos a diario los profesionales de este sector.
Y me encantaría que se cambiara el “no nos ha quedado más remedio que venir a la residencia” por el “hemos valorado todas las opciones y la mejor nos ha parecido venir a la residencia”.

Si tuvieras que definir con una palabra lo que significa para usted “cuidar”, ¿cuál sería y por qué?

Para mí “cuidar” es sinónimo de “entrega”. Si no te entregas por completo en el cuidado de alguien, no estás cuidando, estarás haciendo otra cosa parecida a cuidar, pero no estarás cuidando realmente. Y lo mismo, pero al contrario, si no te entregas a la persona que te está cuidando (y no confías en ella), no te estarás dejando cuidar.

¿Qué metas o proyectos te gustaría ver cumplidos en la residencia en los próximos años?

Actualmente estamos trabajando en el Modelo de Atención Centrada en la Persona y me gustaría que pudiéramos seguir avanzando en esta línea de trabajo. También me gustaría mantener las certificaciones de Calidad con las que contamos actualmente, ISO 9001:2015, ya desde hace años y la UNE158101:2025, obtenida recientemente.