Hoy conocemos a Fernando Aranciva, director de la Residencia Solárium de Barcelona, centro gestionado por Fundación Aliados por la Integración.
Con una sólida trayectoria en neuropsicología y atención a personas con daño cerebral y enfermedades neurológicas, Fernando aporta a Solárium una mirada especializada que combina rigor clínico y enfoque profundamente humano.
Desde su incorporación en 2022, trabaja en la consolidación de un modelo de atención centrado en la persona, donde la historia de vida, la cercanía con las familias y la calidad profesional son ejes clave para garantizar una vejez vivida con dignidad, respeto y sentido.

Háblanos brevemente de tu trayectoria profesional, ¿por qué enfocarte en el ámbito de atención a personas mayores?
Me formé como neuropsicólogo en el Hospital del Mar de Barcelona y, desde entonces, he desarrollado mi trayectoria profesional en el ámbito del daño cerebral adquirido y las enfermedades neurológicas degenerativas. He trabajado en entidades como la Asociación Catalana de Daño Cerebral Adquirido, la Unidad de Estimulación Neurológica (UEN), unidades de daño cerebral y en residencias.
Este recorrido me permitió entender que el envejecimiento y la enfermedad neurológica requieren una mirada especializada, pero también profundamente humana. Trabajar con personas mayores es trabajar con biografías completas, y eso le da un sentido muy especial a la intervención profesional.
“Trabajar con personas mayores es trabajar con biografías completas; eso le da un sentido muy especial a la intervención profesional.”
¿Cuáles son las funciones que asumes como director de residencia de mayores?
Como director, mi función es coordinar y acompañar a los equipos profesionales, garantizar una atención integral y de calidad, mantener una relación cercana y transparente con las familias y velar porque el funcionamiento de la residencia esté alineado con criterios éticos, técnicos y humanos. En definitiva, crear un entorno donde residentes y profesionales se sientan cuidados y respetados.
¿Qué significa para vosotros en la práctica diaria la atención centrada en la persona?
Significa que cada decisión parte de la persona y no del protocolo. Conocer su historia, sus gustos, sus hábitos y sus necesidades reales. Adaptar los cuidados, los horarios y las actividades a quien vive en la residencia, y no al revés. Es un modelo que exige implicación y escucha constante, pero es el único que garantiza una atención verdaderamente digna.

¿Qué aspectos dirías que valoran más las familias a la hora de elegir una residencia como Solárium?
Además de la calidad asistencial, las familias valoran mucho la actitud cercana del equipo. En Solárium nos conocemos todos: residentes, familiares y profesionales, y nos llamamos por el nombre. Mantenemos una plantilla estable, bien formada y comprometida, lo que genera confianza y continuidad en los cuidados.
Otro aspecto clave es la proactividad en la comunicación. Las familias están informadas de cualquier novedad relevante sobre su familiar y también de la vida diaria de la residencia. Esa transparencia y cercanía les da tranquilidad y refuerza el vínculo con el centro.
“Cuidar a las personas mayores es una responsabilidad colectiva y un reflejo de nuestros valores como sociedad.”
¿Puedes compartir algún ejemplo que ilustre cómo la residencia ha mejorado la calidad de vida de un residente?
Uno de los casos más representativos es el de un residente que, antes de ingresar, vivía en una casa de campo con huerto y animales. Al llegar a la residencia tenía una necesidad constante de salir a pasear solo por los alrededores, lo que había provocado varias caídas y generaba mucha preocupación tanto en la familia como en el equipo profesional.
Tras hablar con él y conocer sus aficiones, entendimos que el contacto con la tierra y el huerto formaban parte esencial de su identidad. Decidimos incorporar un huerto elevado en la residencia para ofrecerle una rutina y una ocupación significativa. A los pocos meses, el huerto se le quedó pequeño y ampliamos el espacio utilizando unos bancales con flores que no se estaban aprovechando.
Desde entonces, las situaciones en las que ha pedido salir solo se cuentan con los dedos de una mano y no se han vuelto a producir caídas. El residente se levanta cada mañana y se dirige al huerto, pasa allí gran parte del día y por la tarde vuelve con productos que a veces regala y otras se utilizan para preparar ensaladas que disfruta enormemente. Su bienestar y su tranquilidad han mejorado de forma evidente.
“Conocer sus gustos, hábitos y necesidades reales nos permite adaptar los cuidados a la persona, y no al revés.”
¿Cuál es tu visión sobre cómo está cambiando la forma de envejecer en España en los últimos años?
La forma de envejecer está cambiando: las personas viven más y quieren vivir mejor. Existe una mayor conciencia sobre los derechos, la autonomía y la calidad de vida en la vejez. El gran reto es adaptar los recursos y los modelos de atención a esta nueva realidad, apostando por enfoques más personalizados y menos institucionales.
¿Qué cualidades buscáis en los profesionales que trabajan en Solárium?
Buscamos profesionales con formación y responsabilidad, pero sobre todo con humanidad, respeto y vocación. La técnica es fundamental, pero la actitud lo es aún más. En este sector, la manera de relacionarse con las personas marca la diferencia.
¿Qué mensaje final te gustaría dejar sobre el cuidado de las personas mayores y la dignidad en la vejez?
Cuidar a las personas mayores es una responsabilidad colectiva y un reflejo de nuestros valores como sociedad. La dignidad no se pierde con la edad y debe estar presente en cada decisión y en cada gesto cotidiano. En Solárium y en Fundación Aliados creemos que envejecer merece cuidado, respeto y sentido, y trabajamos cada día para que así sea.